Reflexiones sobre la Piedra Fundamental

por Ernst Katz

"Resurrección" - por Matthias Grünewald

(Del libro Core Anthroposophy: Teaching Essays of Ernst Katz )

Versos de la piedra fundamental pronunciados por Rudolf Steiner en ocasión de la Conferencia de Navidad de 1923 en Dornach, Suiza 1

Traducido por Maria Teresa Gutiérrez

1 ¡Alma humana!

2 Tú vives en las extremidades

3 Que por el mundo del espacio te llevan

4 Al mar del ser espiritual:

5 Practica la recordación espiritual

6 En lo profundo del alma,

7 Donde en el obrar

8 Del ser creador de los mundos

9 Tu propio “Yo”

10 Nace

11 En el “Yo de Dios”,

Y viviras verdaderamente

13 En el ser cósmico del hombre

14 Pues obra el Espíritu Padre de las alturas

15 Generando ser en las profundidades del cosmos.

16 Vosotros, Espíritus de Fuerza,

16a Serafines, Querubines, Tronos,

17 Haced resonar desde las alturas

18 Lo que eco encuentra en las profundidades;

19 Esto dice:

20 De lo divino la humanidad toma su ser.

21 Oyen esto los espíritus elementales

al Este, Oeste, Norte, Sur:

22 ¡Que lo oigan los hombres!

¡Alma humana!

Tú vives en el latir del corazón y los pulmones,

Que a través del ritmo del tiempo te conduce

Al sentir de tu propio ser anímico:

Practica la meditación espiritual

En el equilibrio del alma

Donde por las fluctuantes

Acciones del devenir cósmico

Tu propio “Yo”

Se une

Con el “Yo del cosmos”,

Y sentirás verdaderamente

En el interactuar de las almas humanas.

Pues obra en derredor la voluntad de Cristo

Confiriendo gracia a las almas en los ritmos cósmicos.

Vosotros, Espíritus de Luz,

Kyriotetes, Dynamis, Exusiai,

Haced que desde el Oriente se encienda

Lo que por el Occidente se forma;

Esto dice:

En Cristo la muerte se vuelve vida.

Oyen esto los espíritus elementales

al Este, Oeste, Norte, Sur:

¡Que lo oigan los hombres!

¡Alma humana!

Tú vives en la calma de la cabeza,

Que desde los fundamentos eternos te revela

Los pensamientos cósmicos:

Practica la visión espiritual

En la calma del pensar

Donde por los eternos fines de los dioses

Luz del ser cósmico

A tu propio “Yo”

Le es concedida

Para tu libre voluntad;

Y pensarás verdaderamente

En lo profundo del espíritu humano.

Pues obran los pensamientos cósmicos del Espíritu

Implorando luz en el ser cósmico.

Vosotros, Espíritus de Alma,

Archai, Arcangeloi, Angeloi,

Haced que desde las profundidades se implore

Lo que en las alturas hallará respuesta;

Esto dice:

En los pensamientos cósmicos del Espíritu se despierta el alma.

Oyen esto los espíritus elementales

al Este, Oeste, Norte, Sur:

¡Que lo oigan los hombres!

En la inflexión de los tiempos

Entró la luz del espíritu cósmico

En el devenir terrestre;

Las tinieblas de la noche

Habían dejado de reinar;

Luz, clara como el día,

Resplandeció en las almas humanas;

Luz

Que da calor

A los sencillos corazones de los pastores;

Luz

Que ilumina

Las sabias frentes de los

Luz divina,

Cristo-Sol,

Da calor

A nuestros corazones;

Ilumina

Nuestras frentes;

Que el bien resulte

De lo que desde el corazón

Fundamos,

De lo que desde la cabeza

Con resuelta voluntad

Guiamos.

I. La Piedra Fundamental

La Sociedad Antroposófica General fue fundada durante la famosa Conferencia de Navidad, que se llevó a cabo en Dornach, Suiza, desde el 24 de diciembre de 1923 al 1° de enero de 1924, con una concurrencia de aproximadamente 800 miembros. Rudolf Steiner pronunció allí la Piedra Fundamental y exhortó a los oyentes a acoger esos versos en su corazón. La Piedra Fundamental consiste en tres paneles de similar estructura, de 24 líneas cada uno, y un panel diferente de veinticinco líneas. Los versos no fueron recitados todos al mismo tiempo, sino en tramos, a lo largo de varios días. Además, cada día durante siete días, Rudolf Steiner escribió en el pizarrón ciertos conjuntos de líneas, a los que se refirió como “ritmos”, indicando que la meditación sobre estos “ritmos” es esencial para llegar a la sustancia íntima de la Piedra Fundamental.

Existen más de una docena de diferentes traducciones de estos versos. Es necesario consultar varias traducciones si uno desea aprehender los sutiles matices de significado del original, pues ninguna traducción por sí sola puede expresar todos los aspectos de estos versos. Cada traductor propone la versión que considera más aceptable. La traducción que aparece al comienzo de este ensayo intenta transmitir fielmente en inglés el significado del alemán original, conservando al mismo tiempo, en lo posible, la estructura rítmica y la cualidad de sonido, para preservar la cualidad mántrica adecuada para la meditación.

II. La naturaleza íntima de la Piedra Fundamental

Nacida del fuego, a través del dolor y del sufrimiento, esa fórmula mágica, la Piedra Fundamental, está destinada a guiar a las almas de los seres humanos en su búsqueda, tanto en el presente como en los siglos por venir, para hallar respuestas a los grandes misterios de la existencia, para superar los grandes flagelos de nuestro tiempo –la profunda soledad, la desesperada ansiedad, y la trágica confusión– conectándolas con las fuentes eternas, incesantes, de la vida espiritual, del amor espiritual y de la luz espiritual, detrás de las cuales reina el misterio de Cristo.

La Sabiduría Ancestral decía que la Edad Oscura –Kali Yuga– duraría hasta el final del siglo XIX. El gran desafío del siglo XX era establecer los nuevos, iluminados misterios, que, a diferencia de los antiguos misterios secretos, están abiertos a todos los que con seriedad los busquen. Apertura y universalidad es lo que se requiere en el tiempo presente. La apertura es el sello distintivo del Misterio del Gólgota, el más grande y universal de todos los misterios. Habiendo tenido lugar en el plano físico de los acontecimientos históricos del mundo, sus secretos abiertos aguardan ser iluminados cada vez más en nuestro tiempo y en los tiempos venideros.

Fue el destino de Rudolf Steiner afrontar estos desafíos. Elevados poderes espirituales cósmicos, cuya preocupación principal es el destino de la humanidad, guiaron a Rudolf Steiner para dar forma a los versos de la Piedra Fundamental como un verdadero cimiento espiritual, una semilla viva, para los nuevos misterios, que reconocen el significado singular y central del Misterio del Gólgota, el Misterio del Cristo Resucitado.

Tomen nota, la Piedra Fundamental es una semilla viva. Ocultas en su interior hay vida y sabiduría infinitas, que brotan al ser plantada en el suelo adecuado. ¿Dónde está ese suelo que debe recibir a la semilla y hacer brotar su vida oculta? Es el corazón, el alma, del ser humano individual que ha encontrado el camino hacia los nuevos misterios. ¿Cómo se puede mantener viva esta semilla en estos tiempos áridos y permitir que germine, crezca y revele sus tesoros ocultos? Muchos estudiosos de la antroposofía han tratado de dar vida a esta semilla dedicando atención y cuidado a sus versos, tan sólo para descubrir, al cabo de un tiempo, que la semilla se ha secado. Ya no es más generadora de vida, se la siente más bien como un objeto extraño en el alma. Si la Piedra Fundamental, ese misterio abierto, no es abordada con la correcta actitud del alma, se habrá de marchitar y no revelará nada de su magia secreta. ¿Cuál es la actitud correcta para abordar este misterio del alma?

Por cierto, todos los misterios deben ser abordados con una actitud de reverencia y asombro, con persistencia y claridad de pensamiento, y con apertura y sensibilidad. Pero todo eso no basta. En nuestra época es menester dar un paso más en la preparación, es necesario que el ser humano que esté en la búsqueda cultive una virtud adicional, y se trata verdaderamente de la virtud más esencial.

¿Cuál es esa virtud más esencial? En cada época cultural una virtud preeminente es expresada a través de alguna leyenda destacada. Rudolf Steiner indicó que, para nuestra época, tal leyenda es la de Parsifal y su búsqueda del Santo Grial. La virtud preeminente que Parsifal debe desarrollar es: Preguntar en el momento correcto la pregunta humana correcta tal como surja del corazón. Las personas hoy son muy buenas en formular todo tipo de preguntas: preguntas inteligentes, intelectuales, irrelevantes, y hasta preguntas sin sentido. Pero con frecuencia carecen de la capacidad para hacer preguntas que surjan del corazón. Sin embargo, para que sus preguntas sean aceptables para el mundo espiritual, las almas de la presente época deben desarrollar la virtud de hacer preguntas que surjan del corazón.

¿Qué sucede cuando uno aborda la Piedra Fundamental con preguntas del corazón? Cobra vida y crece –y ofrece respuestas que se multiplican. Estas respuestas no son abstractas ni intelectuales. Son fuerzas de vida, que despiertan y sustentan al alma. Así, la conversación con los versos puede convertirse en una fuente viva de inspiración. Esta es la magia de la Piedra Fundamental: puede despertar fuerzas del alma que vivifican y sustentan la vida. Pero si uno no aborda sus versos con preguntas del corazón, se encontrará, por así decirlo, rechazado. Por consiguiente, se puede experimentar a la Piedra Fundamental como perteneciente a los misterios que rodean al Santo Grial.

La conversación interior con la Piedra Fundamental bien podría comenzar con la pregunta: ¿A quién están dirigidos estos versos? La respuesta salta inmediatamente: Tres de sus cuatro paneles se inician con la invocación “Alma humana!” (Menschenseele) y concluyen con la exhortación “Que lo oigan los hombres.” El cuarto panel habla de la misión de Cristo en la tierra, que es válida para toda la humanidad. La Piedra Fundamental se dirige a “todos los que tengan oídos para oírla.” Está dirigida a todos los que estén dispuestos a escucharla íntimamente, a trabajar con ella de manera viva, con las fuerzas del corazón y del alma.

¿Por qué está la Piedra Fundamental construida con tres paneles similares y un cuarto panel de tono y estructura marcadamente diferentes? Este orden puede considerarse como una impronta del cosmos. De los doce signos del zodíaco, cuatro son denominados signos principales. Una visión simplificada puede considerar que estos cuatro signos representan al zodíaco. Ellos son:

Los cuatro paneles de la Piedra Fundamental tienen clara relación con los cuatro signos principales del zodíaco: el primer panel, con las extremidades, y por ende con Tauro; el segundo panel, con el corazón y los pulmones, y por ende con Leo; el tercer panel, con la cabeza, y por ende con Escorpio; y el cuarto panel, con Cristo como la fuerza integradora del cuerpo humano.

¿Cómo opera el impulso Crístico como fuerza integradora del cuerpo humano? Primero, impregna las extremidades, lo que da lugar a la postura humana erguida; segundo, impregna el sistema rítmico, lo que da lugar a la facultad del lenguaje; tercero, impregna el sistema nervioso y de los sentidos, lo que da lugar a nuestra facultad de pensar. Caminar, hablar y pensar, el ser humano se los debe al Espíritu Crístico, quien infundió estas fuerzas en la humanidad hace mucho, mucho tiempo, por medio de tres actos sacrificiales, cuyos frutos renacen con cada niño pequeño cuando aprende a caminar, a hablar y a pensar. A través de esos actos sacrificiales, las fuerzas del Toro, del León y del Águila fueron puestas al servicio de un objetivo superior. Este objetivo se manifestó plenamente en el sacrificio terrenal, el cuarto sacrificio de Cristo en la inflexión de los tiempos, luego del bautismo realizado por Juan, imagen representativa del Aguatero. De este modo, la estructura cuaternaria de la Piedra Fundamental expresa el hecho de que el cuerpo humano, el Templo de Dios, funciona de acuerdo con leyes cósmicas, de las cuales los signos del zodíaco son una imagen etérica.

Ahora bien, cuando oímos a la Piedra Fundamental llamar tres veces “Alma Humana”, este llamado resuena desde el cosmos además de desde nuestro cuerpo, y podemos preguntar: ¿Quién es el que llama de esa manera tres veces? La Piedra Fundamental contesta de esta manera: Nótese en primer lugar que el Espíritu que llama tiene buenas intenciones hacia el ser humano, puesto que señala tres tareas cuya práctica nos permitirá “vivir verdaderamente”, “sentir verdaderamente” y “pensar verdaderamente”, en síntesis, nos permitirá volvernos “verdaderamente humanos”. Obsérvese luego, que el Espíritu que llama ordena a los espíritus de las nueve jerarquías que lleven a cabo sus tareas en el cosmos de determinada manera, es decir, para crear las bases sobre las que se pueda desarrollar lo “verdaderamente humano”. ¡Es decir que, quien llama “¡Alma Humana!” es un Ser superior a todos los de las nueve jerarquías! Es un Ser de rango divino. Uno se puede sentir anonadado ante tal revelación.

La meditación sobre la Piedra Fundamental es difícil por su extensión y complejidad. Rudolf Steiner previó esta dificultad, pues era un gran maestro. Y propuso siete maneras de establecer una relación con sus versos. Haciendo foco sobre siete conjuntos simples de relaciones, se puede acceder a los versos de manera viva. Steiner llamó a estos canales de acceso los siete “ritmos”. Estos serán analizados en la próxima sección.

La Piedra Fundamental no es sólo para ser escuchada. Requiere que se “haga” algo. Nos pide que, desde nuestra propia libre voluntad, realicemos tres actividades interiores específicas: recordación espiritual, meditación espiritual, y visión espiritual. Nos aconseja practicar tres ejercicios para recorrer el camino hacia la condición verdaderamente humana. Esto es claramente el meollo de la Piedra Fundamental. ¿Cómo se puede entender el significado de recordación espiritual, meditación espiritual, y visión espiritual?

Se pueden dar puntos de partida, semillas de significado, por así decirlo. No se pueden definir de manera convencional. Rudolf Steiner frecuentemente recalcaba la importancia del pensamiento vivo en contraposición con el pensamiento muerto. Un pensamiento muerto puede ser entendido pero no vivenciado. Ni bien es concebido, ya está totalmente maduro. Ni bien nace, ya es viejo. No puede crecer. Un pensamiento vivo, por el contrario, puede ser vivenciado. Se puede comprender, pero sólo hasta cierto punto, pues la vivencia de su realidad depende de nuestra propia madurez. A medida que crecemos y maduramos, el pensamiento vivo en nuestro interior también crece y madura. Por ello Rudolf Steiner recomienda el uso de caracterizaciones vivas, en lugar de definiciones muertas.

Las semillas vivas de significado que caracterizan a las experiencias de recordación espiritual, meditación espiritual y visión espiritual pueden crecer con la práctica. Deben ser extraídas de la Meditación misma de la Piedra Fundamental. Y nos permitirán tener mayor conciencia de cómo vivimos en el elemento del tiempo.

La Piedra Fundamental se refiere enteramente al presente, al ahora. Pero el presente puede considerarse desde diversos aspectos. Uno de esos aspectos es el pasado, en tanto que el pasado se hace sentir en el presente a través del proceso de recordar, o evocar. Siempre que un suceso ocurre en el pasado, deja un rastro en algún lugar que perdura en el presente y puede entonces ser vivenciado de nuevo. El primer panel de la Meditación de la Piedra Fundamental está imbuido de este aspecto pasado del presente. Con nuestra facultad ordinaria de recordación, podemos traer al presente muchas de nuestras experiencias de sucesos que ocurrieron en el pasado. El suceso más remoto que normalmente podemos recordar es un punto de la temprana infancia cuando por primera vez usamos la palabra “yo”, generalmente alrededor del tercer año de vida. De manera similar, la recordación espiritual nos trae a la conciencia presente lo que vivenciamos en un pasado mucho más remoto, durante nuestras pasadas encarnaciones y en nuestros pasados periodos de existencia espiritual. El suceso más remoto que podemos recordar en este sentido es un momento de indescriptible majestuosidad, que sólo puede hacerse consciente si es abordado con la mayor devoción. Se trata del momento en que nuestro “Yo” comenzó a existir como entidad definida dentro del “Yo de Dios”, el Creador del Mundo, el Padre. A través de la práctica de la recordación espiritual, podemos lograr gradualmente cada vez más claridad en cuanto a ese proceso intemporal de la creación divina, por el cual el ser “surge” del no ser. Ni el inglés ni el alemán tienen una palabra apropiada para este proceso de “surgimiento”, de “comenzar a ser”. No es ni un proceso evolutivo ni un mero devenir. Es un suceso creativo, intemporal y perdurable. Rudolf Steiner acuñó una nueva palabra para referirse a esto: “erwesen”. En inglés tendríamos que decir “coming into being from non-being.” [En español tendríamos que decir “comenzar a ser desde el no-ser”.] Esto señala el mayor periodo de tiempo que se puede recobrar por medio de la recordación espiritual.

¿Cómo se puede “practicar” la recordación espiritual? No se puede dar una indicación definida, pero una cosa es cierta: practicar implica un esfuerzo repetido con regularidad. Puede resultar útil comenzar con una breve meditación diaria sobre las siguientes palabras:

“Tu propio ‘Yo’ nace en el ‘Yo de Dios’”.

Tal meditación puede llevar gradualmente a la vivencia de nuestro propio origen divino, no como una idea abstracta ni como fuente de orgullo, sino como una maravillosa fuerza que sustenta y enaltece la vida. La materialización de esa fuerza es el fruto de la recordación espiritual. Y la meditación [de la Piedra Fundamental] se refiere a tal resultado con las palabras: “Y vivirás verdaderamente”. Cuando se practica la recordación espiritual y se llega a vivenciar esa fuerza que enaltece la vida, se comprende cada vez mejor lo que en realidad es la recordación espiritual.

Un segundo aspecto del presente tiene que ver con el hecho de que el presente no es meramente un punto aislado, sino más bien un momento dentro de un proceso, dentro de una corriente en la que adelante es cualitativamente distinto de atrás. Naturalmente este concepto de ser un momento le otorga a cada momento una cualidad que depende del proceso, o procesos, del cual ese momento forma parte.

En contraste con esta idea viva del tiempo, el tiempo Newtoniano fluye por sí mismo uniformemente desde el pasado infinito hacia el futuro infinito. Para tal concepción del tiempo, cada momento tiene la misma cualidad que cualquier otro momento. Este concepto mecánico, muerto, del tiempo no es adecuado para la descripción de las entidades vivas. Para el mundo viviente, el tiempo se caracteriza por procesos cíclicos. Los antiguos vivenciaban al universo como una entidad viva, y por ello concebían al tiempo en términos de procesos cíclicos. Para ellos, cada momento era cualitativamente diferente, según su ubicación en los ciclos cósmicos, de la misma manera que cada momento del día es diferente según sea la hora y la estación del año.

La meditación espiritual apunta a esa región del alma donde los procesos cíclicos, caracterizados por el devenir y el fenecer, desempeñan los roles principales. Es la región de la ecuanimidad o equilibrio del alma (Seelengleichgewicht). Tal estabilidad no significa un estado rígido o estático de equilibrio, sino que implica, más bien, una recurrente alternancia entre el entregarse al mundo y el retraerse en el interior del ser. El énfasis en la letra “w” en la versión de los versos en alemán, refuerza esta idea de movimiento de oleaje, de marea creciente y menguante, de extroversión e introversión. Es un profundo misterio que en estos procesos rítmicos del momento presente domine el espíritu divino de Cristo.

¿Cómo se puede practicar la meditación espiritual? Los versos sugieren que una buena manera de empezar es pensar regularmente en estas palabras:

“Une tu propio ‘Yo’ con el ‘Yo del cosmos’”.

Tal meditación puede conducir gradualmente a la conciencia de que no vivimos solos en el cosmos. Vivimos no sólo para ser un ego individual, sino también para ser una parte del cosmos. Tal experiencia puede producir una profunda transformación en nuestra vida anímica. Nuestros sentimientos pueden expandir su espectro, pueden volverse más diferenciados, y aumentar su riqueza. Se vuelven cada vez más verdaderos sentimientos, como lo expresa el verso: “Y sentirás verdaderamente”.

Es menester aquí una palabra de advertencia. La meditación espiritual tiene que ver con la relación polar entre nuestro propio “Yo” y su entorno, el “Yo del cosmos” (Welten-Ich). Es un misterio profundamente oculto y sagrado cómo el alma humana sólo puede funcionar correctamente siguiendo un proceso de equilibrio rítmico, en el cual nuestro propio “Yo” y el “Yo del cosmos” se juntan y luego se vuelven a separar. Para el proceso de juntarse, se eligió la palabra “unirse”, pues esa unión sucede repetidamente, lo cual implica alejarse así como volver. En esta situación, “unirse” no puede nunca significar perder o disolver el propio “Yo” en el “Yo del cosmos”.

¿Qué es el “Yo del cosmos”? El “Yo del cosmos” se relaciona con nuestro propio “Yo” como la cáscara de una nuez con la pepita. Rudolf Steiner usa el término “Yo del cosmos” (Welten-Ich) como equivalente del divino Espíritu Crístico o el Hijo. La meditación espiritual puede revelar la naturaleza de la unión del propio “Yo” con el “Yo del cosmos”. Al practicar la meditación espiritual en este sentido, podemos acercarnos a la fuerza Crística dadora de vida, que el cosmos puede conferir al alma, y de este modo se acrecienta nuestra comprensión de lo que la meditación espiritual realmente es o puede llegar a ser.

Un tercer aspecto del tiempo tiene que ver con el futuro, en tanto que el futuro proyecta su imagen dentro del momento presente. Nuestra conciencia humana puede dirigirse hacia el futuro a voluntad mediante nuestra habilidad para planear, fijar objetivos, y delinear maneras para lograrlos, es decir, mediante la visualización (erschauen). Esta visualización aparece en forma microcósmica como la facultad humana de fijar objetivos y delinear maneras de lograrlos. Sin embargo, tiene también una forma macrocósmica en los objetivos divinos eternos y las maneras divinas de llevarlos a cabo.

¿Cuáles son estos objetivos divinos? Los versos nos instan a reflexionar sobre esta pregunta con humildad y devoción, teniendo presente que sólo podemos llegar a respuestas humanas y, por ello, de validez limitada. Uno de tales objetivos divinos –y esto puede parecer sorprendente al principio– es la idea divina de humanidad, de lo que los seres humanos pueden llegar a ser cuando todos sus potenciales de sabiduría, amor, fuerza de bondad, se desarrollen plenamente. Todos los esfuerzos de los ángeles están dirigidos al logro de este maravilloso objetivo.

Para este elevado objetivo, es esencial el amor espiritual, creativo, de cada ser humano. Lograr esta cualidad nos trae la posibilidad de la voluntad libre, según se explica en la Filosofía de la libertad de Rudolf Steiner. En la voluntad libre, actuamos sin ninguna compulsión –ni de lo innato ni de lo adquirido– e introducimos en el mundo nuevas causas primarias. Pero esta voluntad libre sólo puede ser lograda si primero hemos aprendido la visualización espiritual, que nos permite prever la imagen de un futuro que aún no es presente y, de esa manera, comprender correctamente cómo nuestro propósito habrá de insertarse en el mundo. Tal visualización espiritual requiere de la presencia de una luz interior dentro de nosotros. Esta luz interior no debe ser subestimada. Se trata de un don divino, conferido a los seres humanos con el propósito de conducir a la humanidad hacia la libertad.

¿Cómo se puede practicar la visualización espiritual en este sentido? La Piedra Fundamental sugiere que se puede comenzar pensando regularmente en estas palabras:

Se otorga luz del ser cósmico al propio ‘Yo’ para su libre voluntad”.

Tal meditación puede conducirnos gradualmente a una profunda transformación de la calidad de nuestros pensamientos. Su naturaleza abstracta, imprecisa, extraña al mundo, se transforma en una que es móvil, que busca la verdad, que es libremente dirigida, y está en mayor armonía con los pensamientos del cosmos (Weltgedanken). La Piedra Fundamental señala tal resultado en el verso:

Y pensarás verdaderamente”.

La manera en que los pensamientos cósmicos impulsan los objetivos divinos en la evolución cósmica y humana es un misterio profundo y maravilloso. Los pensamientos cósmicos no fuerzan ningún acontecimiento, ni infringen la libertad humana. Proporcionan la luz interior, que extraen (erflehen = obtener por medio de la súplica fervorosa) de la esencia espiritual del Mundo (Weltenwesen), donde vive y obra como emanación del Espíritu Santo, tercer aspecto de la divina Trinidad. A través de una maravillosa actividad, esta luz es transferida a los seres humanos, siempre que ellos la busquen, que se esfuercen por encontrarla, y la pidan (erbitten = obtener por medio del pedido). A medida que se avanza en la práctica de la visualización espiritual, uno vivencia cada vez más plenamente el misterio de esta luz espiritual y su relación con nuestra libre voluntad y fuerza de bondad. Entonces uno llega a entender cada vez mejor lo que la visualización espiritual debería realmente llegar a ser.

Cuando uno comienza a desentrañar cómo cada momento en el tiempo tiene una cualidad especial que le es propia, uno puede comprender la idea de que ciertos momentos son de extraordinaria y decisiva importancia para la concreción de los objetivos divinos. Estos momentos son los “puntos de inflexión del tiempo”. Entre ellos hay uno que es el más importante, el más decisivo. Se trata del que es tema del relato del cuarto panel de la Piedra Fundamental.

La meditación sobre la Piedra Fundamental implica más que una adquisición de conocimiento o comprensión. Se puede también experimentar su cualidad saludable y sanadora, si se logra despertar el elemento de vida que duerme en sus versos. Se puede entonces entender por qué los espíritus elementales de toda la tierra escuchan las palabras de estos versos. Cuando Cristo caminó sobre la tierra, los espíritus elementales supieron Quién era Él mucho antes de que lo supieran los seres humanos (Lucas 4: 33-41), y se lo gritaron a los hombres. En nuestra época, los espíritus elementales oyen el mensaje de estos versos, y lo entienden, pues los espíritus elementales son parte del cuerpo etérico de la tierra, que está impregnado por el Cristo Etérico. Pero ahora se mantienen en silencio. Ellos y, en verdad, todo el cosmos aguardan con silenciosa esperanza a que los seres humanos lo oigan. ¿Será tal vez la Piedra Fundamental un camino para los seres humanos hacia la vivencia del Cristo Etérico?

III. Significación de los “Ritmos”

LOS SIETE RITMOS DE LOS VERSOS DE LA PIEDRA FUNDAMENTAL

DÍAS Y ESTACIONES SUGERIDOS

Día / Ritmo

Marzo - Abril - Mayo

Junio - Julio - Agosto

Septiembre - Octubre - Noviembre

Diciembre - Enero - Febrero

MIE 26/12 1923

I

Recordación espiritual

Tu propio Yo
Nace
En el Yo de Dios

Meditación espiritual

Tu propio Yo
Se une
Con el Yo del cosmos

Visión espiritual

A tu propio Yo
Le es otorgada
Para tu libre voluntad

En la inflexión de los tiempos
Entró la luz del Espíritu cósmico
En el devenir terrestre.

Las tinieblas de la noche
Habían dejado de reinar;
Luz, clara como el día,
Resplandeció en las almas humanas;

Luz
Que da calor
A los sencillos corazones de los pastores;

Luz
Que ilumina
La sabia frente de los reyes;

Luz divina
Cristo-Sol

Da calor
A nuestros corazones

Ilumina
nuestras frentes;

Que el bien resulte
De lo que desde el corazón
Fundamos,
De lo que desde la cabeza
Con resuelta voluntad
Guiamos.

JUE 27/12

1923

II

Tu propio Yo
Nace
En el Yo de Dios

Vivir
Ser cósmico del hombre

Tu propio Yo
Se une
Con el Yo del cosmos

Sentir
Interactuar de las almas humanas

A tu propio Yo
Le es otorgada
Para tu libre voluntad

Pensar
Lo profundo del espíritu humano

VIE
28/12

1923

III

Practica la recordación espiritual

Pues obra el Espíritu Padre de las alturas

Generando ser en las profundidades delcosmos

Practica la meditación espiritual

Pues obra en derredor la voluntad de Cristo

Confiriendo gracia a las almas en los ritmos cósmicos

Practica la visión espiritual

Pues obran los pensamientos cósmicos del espíritu,

Implorando luz en el ser cósmico

SÁB 29/12

1923

IV

Practica la recordación espiritual

Serafines, Querubines, Tronos
Haced resonar desde las alturas
Lo que eco encuentra en las profundidades

Practica la meditación espiritual

Kyriotetes, Dynamis, Exusiai
Haced que por el Oriente se encienda
Lo que por el Occidente se forma

Practica la visión espiritual

Archai, A rchangeloi, Angeloi
Permitid que desde las pr ofundidades
El ruego en las alturas sea oído

DOM 30/12

1923

V

Practica la recordación espiritual

Practica la meditación espiritual

Que el bien resulte
De lo que desde el corazón fundamos

De lo que desde la cabeza
Con resuelta voluntad guiamos

Practica la visión espiritual

LUN 31/12

1923

VI

¡Luz divina
Cristo-Sol!
Oyen esto los espíritus elementales al Este, Oeste, Norte, Sur;
¡Que lo oigan los hombres!

Luz divina Cristo-Sol
Da calor a nuestros corazones
Ilumina nuestras frentes

MAR 1°/1

1924

VII

Tú vives en las extremidades

Pues obra el Espíritu Padre de las alturas

Generando ser en las profundidades del cosmos

Tú vives en el latir del corazón y los pulmones

Pues obra en derredor la voluntad de Cristo

Confiriendo gracia a las almas en los ritmos cósmicos

Tú vives en la calma de la cabeza

Pues obran los p ensamientos cósmicos del espíritu,

Implorando luz en el ser cósmico

Luz divina Cristo-Sol
Da calor a nuestros corazones
Ilumina nuestras frentes

Durante la Conferencia de Navidad de 1923, Rudolf Steiner presentó la Piedra Fundamental de manera realmente extraordinaria. En la mayoría de los nueve días que duró esta conferencia, sólo ciertas partes de esta meditación fueron recitadas. Únicamente el 25 de diciembre y el 1° de enero, se presentaron los versos en su totalidad. El 25 de diciembre los cuatro paneles fueron recitados en el siguiente orden: 4-1-2-3, mientras que el 1° de enero se los presentó en el orden normal, 1-2-3-4, el mismo orden que se utilizó cuando se publicaron los versos algunas semanas después. Si se observa con atención, hubo no menos de catorce diferencias entre las versiones presentadas en los distintos días y la versión impresa. Algunas son diferencias menores, pero otras son muy significativas. Tales variaciones en la presentación de los versos por parte de Rudolf Steiner ponen de relieve el hecho de que Rudolf Steiner los trataba de manera viva, no rígida.

Durante cada uno de los siete días desde el 26 de diciembre hasta el 1° de enero, Rudolf Steiner escribió en el pizarrón ciertos conjuntos de versos que denominó “ritmos”. El uso de la palabra “ritmo” en este contexto ha desconcertado a muchos antropósofos, que entienden a la palabra ritmo como la repetición regular de rasgos o patrones. Claramente ese significado no encaja aquí. El American College Dictionary da varios significados de la palabra “ritmo”. El que se aplica aquí aparece en ediciones tempranas de ese diccionario pero no es muy conocido, y ha sido eliminado en ediciones más recientes: “correcta relación e interdependencia de las partes entre sí y con respecto a un todo artístico”. De acuerdo con esta definición, se puede establecer un “ritmo” mediante la yuxtaposición de dos segmentos cortos tomados de diferentes lugares de los versos. La yuxtaposición de segmentos cortos hace que se sienta cierta tensión, que nos impulsa a buscar la relación entre ellos. Además, permite sentir el valor de cada parte dentro de la totalidad de los versos. Así, cada par de segmentos que Rudolf Steiner escribió en el pizarrón constituye un desafío. No debemos contentarnos con entender el significado de cada palabra o frase. Debemos tratar de ver que en cada “ritmo” existe una doble relación: por un lado, los dos segmentos seleccionados tienen relación entre sí, y, por el otro, cada segmento tiene relación con la Piedra Fundamental tomada en su totalidad.

Meditar sobre estos “ritmos” es una actividad de pensamiento libre y creativa. Puede despertar preguntas que lleven al tipo de conversación viva con los versos de la que se habló en la sección II. La belleza de este enfoque es que uno puede participar activamente en un proceso de crecimiento interior vivo. Y se puede llegar a advertir que estos “ritmos”, que Rudolf Steiner seleccionó cuidadosamente, son los siete portales principales hacia la comprensión viva de toda la Piedra Fundamental. Si vivenciamos a la Piedra Fundamental como una entidad orgánica viva, entonces los siete “ritmos” son sus órganos vitales.

Cada uno de los siete días mencionados, Rudolf Steiner escribió en el pizarrón un nuevo “ritmo” (un par de líneas seleccionadas). El cuadro que se adjunta al comienzo de esta sección ofrece una reseña de los “ritmos” en relación con los días en los que fueron pronunciados.

Los “ritmos” I, II, III y IV tienen tres columnas cada uno. El “ritmo” V tiene la particularidad de que las tres prácticas están escritas formando un diseño geométrico especial, que sugiere una suerte de bóveda protectora para el segundo tramo del “ritmo”, que es el mismo para las tres columnas.

El “ritmo” VI es único entre todos los ritmos por no estar el contenido dividido en tres columnas. Luego de esta contracción, el “ritmo” VII vuelve a expandirse en tres columnas. La noche del 1°de enero, durante la última sesión de la conferencia, Rudolf Steiner recitó toda la Piedra Fundamental y luego concluyó con lo que se puede denominar la “coda”:

Luz divina
Cristo-Sol
Da calor a nuestros corazones
Ilumina nuestras frentes.

En sentido estricto, esta “coda” no es un “ritmo” ya que no consiste en dos partes.

¿Cómo se puede trabajar meditativamente con los “ritmos”? Meditar sobre la Piedra Fundamental completa es difícil debido a su gran extensión y complejidad. Trabajando con los “ritmos”, se puede obtener mucho más significado de los versos que si uno simplemente recita toda la Piedra Fundamental diariamente, en voz alta o en silencio. Trabajar con los “ritmos” puede ofrecer un panorama más claro del contenido meditativo. Un gran descubrimiento, realizado por el Dr. F. W. Zeylmans van Emmichoven, es que los “ritmos” guardan una íntima relación con los días de la semana en los que fueron presentados. Por consiguiente, el Dr. Zeylmans sugirió meditar sobre el “ritmo” presentado el miércoles (diciembre 26, 1923) todos los miércoles, sobre el “ritmo” presentado el jueves (diciembre 27), todos los jueves, y así con todos los demás, de modo que durante el curso de una semana se habrá trabajado sobre la totalidad de los siete “ritmos”. Si uno lo hace semana tras semana, quizás le surja la pregunta: ¿No se descuida a la Piedra Fundamental en su conjunto al enfocarse solamente sobre sus partes? A mí me ha resultado útil trabajar con los “ritmos” a la mañana y meditar sobre la Piedra Fundamental en su totalidad a la noche antes de dormir.

Un rasgo de los “ritmos” digno de atención es el hecho de que se dan en tres columnas. ¿Qué relevancia tiene este rasgo en la meditación? Tomemos el primer “ritmo” como ejemplo de cómo puede funcionar esto. Las tres actividades de recordación espiritual, meditación espiritual y visión espiritual no están aquí presentadas como tareas, pues la palabra “practica” no está incluida. Así pues, el primer “ritmo” parece, más bien, requerir que se considere lo que estas palabras significan en sí mismas. Ya hemos mencionado cómo la primera actividad –la recordación espiritual– puede llevarnos a esa temprana etapa de la evolución del mundo cuando el “Yo” humano nació dentro del “Yo de Dios”.

No obstante lo maravilloso de esta vivencia, uno puede sentir, al cabo de un tiempo, una falta de completud. El “Yo” humano se siente solo si solamente es consciente de sí mismo. Desea encontrar algo más. Este algo aparece en la segunda columna de este “ritmo”. Aquí, mediante la meditación spiritual, el “Yo” humano se une con el “Yo del cosmos”. Más arriba hemos comentado cómo debe entenderse esta unión. Cuando el “Yo” humano toma conciencia del “Yo del cosmos” y se aproxima a unirse con él, puede ser presa de un terrible miedo, el miedo de perderse a sí mismo. En consecuencia, el “Yo” se retrae y repliega en sí mismo, aunque ya enriquecido por el contacto momentáneo con el “Yo del cosmos”. Se puede producir así una alternancia entre acercarse y retraerse. ¿Cuál es el enriquecimiento que el “Yo” humano obtiene de este proceso? La tercera columna del “ritmo” da respuesta a esta pregunta. Mediante la visión espiritual, el “Yo” puede esforzarse en pos de la libertad interior y lograrla.

Este esbozo de cadena de pensamientos tiene como fin mostrar una manera posible de avanzar de una columna a la otra al meditar sobre el primer “ritmo”. Cuando se profundiza esta meditación, uno puede descubrir más específicamente lo que el “Yo” obtiene mediante la actividad realizada en cada columna. El “Yo” recibe vida espiritual al comenzar a ser, como se indica en la primera columna. La fuerza que atrae al “Yo” humano al “Yo del cosmos”, como se indica en la segunda columna, puede reconocerse como amor espiritual. A través de lo que contiene la tercera columna, el “Yo” obtiene luz espiritual. Pero esta luz y la libertad que trae aparejada pueden convertirse en fuente de confusión si no se las integra correctamente en el mundo. La luz espiritual individual anhela encontrar su conexión con la luz espiritual cósmica. Cómo se puede lograr esto está descripto en la cuarta columna.

Cada persona que quiera dedicarse a meditar sobre los “ritmos” debe crear su propia cadena de pensamientos al avanzar de una columna a la otra. Uno debe explorar diversas posibilidades y adoptar la que le parezca mejor, siempre que sea viva. Dado que la meditación sobre un “ritmo” debe ser una actividad creativa y libre de la mente, muchas otras variantes son posibles. El ejemplo de arriba se da sólo a modo de indicación. Lo más importante es hacerse el hábito de meditar regularmente y de no quedarse en el nivel del pensamiento intelectual, sino llegar más profundo, para también involucrar a los sentimientos y la voluntad.

Pasar de una columna de un “ritmo” a la otra no es fácil. Una manera diferente de trabajar con las tres columnas de los “ritmos” es distribuir el trabajo entre las estaciones del año, de modo de dedicarse a una sola columna por vez. A mí me resulta muy efectivo el siguiente esquema. En marzo, abril y mayo, trabajar con los “ritmos” de la primera columna, que se relacionan principalmente con el primer panel de la Piedra Fundamental. En junio, julio y agosto, trabajar con los “ritmos” de la segunda columna, que se relacionan principalmente con el segundo panel. En septiembre, octubre y noviembre, trabajar con los “ritmos” de la tercera columna, que se relacionan principalmente con el tercer panel. Y, por último, en diciembre, enero y febrero, trabajar sólo con el cuarto panel de la Piedra Fundamental y dejar descansar los “ritmos”. A continuación se dan algunos ejemplos de posibles maneras en que se podría trabajar con una columna de un “ritmo”.

Tomemos, por ejemplo, el caso de un miércoles de abril. Entonces, elegiremos trabajar con la primera columna del “ritmo” I:

Recordación espiritual
Tu propio Yo
Nace
En el Yo de Dios

Este “ritmo” dice en efecto qué es la recordación espiritual. Meditando sobre este “ritmo” podemos adquirir conciencia de que llevamos en nosotros esa semilla espiritual que llamamos nuestro “Yo”. Este “Yo” es de origen divino. En realidad, el “Yo” no podría seguir existiendo si, en todo y cada momento, no lo mantuviera en existencia el Creador, el “Yo de Dios”. En tiempos pasados, el “Yo” humano tenía una existencia latente, pero gradualmente a través de la evolución del mundo y de la humanidad, se ha vuelto más despierto. Rudolf Steiner ha descripto toda la evolución del cosmos y de la humanidad en el capítulo cuatro de su obra básica La ciencia oculta en bosquejo. Esta descripción puede considerarse como el resultado de una recordación espiritual a gran escala. Tales reflexiones pueden darnos un gran sentido de propósito en la vida, además de un sentimiento de gratitud y asombro. Muchos otros sentimientos pueden surgir y vivificar la relación entre estos fragmentos y la Piedra Fundamental en su totalidad.

De manera similar, para un miércoles de junio consideraríamos de igual forma la segunda columna del primer “ritmo”:

Contemplación espiritual
Tu propio Yo
Se une
Con el Yo del cosmos

Nuevamente, la segunda parte de este “ritmo” esclarece el significado de la meditación espiritual. La conciencia de la unión del propio “Yo” con el mundo puede lograrse a diversos niveles paso a paso. El nivel más alto llega hasta el “Yo del cosmos”. De esa manera, la meditación espiritual puede conducir a una persona por el camino del desarrollo espiritual. Rudolf Steiner describe ese camino en varias de sus obras, particularmente en el quinto capítulo de La ciencia oculta en bosquejo. Allí, la unión con el “Yo del cosmos” se representa como la unión con el “Guardián Mayor del Umbral”, a quien se reconoce entonces como el Espíritu Crístico. También en su libro Cómo se alcanza el conocimiento de los mundos superiores se describe este camino, y cerca del final se encuentra esta oración: “Un esplendor indescriptible irradia del Segundo Guardián del Umbral; la unión con Él se yergue imponente ante la visión del alma como un muy lejano ideal”. Estas descripciones pueden considerarse como el resultado de una meditación espiritual del más amplio alcance por parte de Rudolf Steiner.

Se puede proceder de manera similar con la tercera columna del primer “ritmo” relacionándola con el sexto capítulo de La ciencia oculta en bosquejo, donde Rudolf Steiner visualiza las consecuencias futuras de la evolución pasada de la humanidad y del mundo.

Como último y diferente ejemplo, consideremos el “ritmo” para un lunes de cualquier mes entre marzo y noviembre:

Luz divina
Cristo-Sol
Oyen esto los espíritus elementales al Este, Oeste, Norte, Sur.
¡Que lo oigan los hombres!

Los espíritus elementales constituyen el cuerpo etérico de la tierra. Viven principalmente cerca de la superficie de la tierra: los gnomos algo por debajo de la superficie, hasta donde crecen las raíces de las plantas y los cristales; los silfos en la atmósfera, hasta donde se elevan las aves y los insectos; y las ondinas en el espacio intermedio. Sólo los espíritus de fuego penetran más profundamente y también más alto. De modo que, a escala global, el reino de los espíritus elementales constituye mayormente una superficie muy delgada, en la que arriba y abajo tienen muy poca significación en comparación con la importancia de Este, Oeste, Norte y Sur. La luz del sol penetra en el dominio etérico de la tierra. La luz del sol no sólo ilumina; también transporta el sonido etérico, que los espíritus elementales oyen. Goethe describe algunos de estos sonidos etéricos de la luz solar en su “Prólogo” al Fausto: “El sol resuena como antaño en el coro de fraternas esferas”. En la primera escena de la segunda parte del Fausto, se les advierte a los espíritus elementales sobre el sonido atronador y ensordecedor del sol naciente.

Hay también otra luz que penetra al mundo de los espíritus elementales. Es la luz que irradia desde el Misterio del Gólgota. Esta luz brilla como luz divina en todo el cuerpo etérico de la tierra, el dominio de los seres elementales. Es la luz de un tipo diferente de sol. Quizás la imaginación más concreta de este sol y su resplandor fue vislumbrada en 1492 por Matthias Grünewald cuando pintó el panel de la resurrección del altar del monasterio de Isenheim. Esta pintura mundialmente famosa nos puede dar, de manera única y mágica, una impresión del resplandor etérico, semejante a la luz del sol, que emana del Cristo cuando se eleva del sepulcro. En el reino etérico este Cristo-Sol no sólo ilumina. Su luz también suena; incluso lleva mensajes que el corazón humano puede oír. Los espíritus elementales oyen este mensaje. ¿Lo estamos oyendo también los seres humanos? ¿Cuál es el mensaje que suena en esta luz etérica divina? A través de Rudolf Steiner este mensaje ha encontrado expresión como una inspiración concreta en todo el texto de la Piedra Fundamental.

Ojalá que estas indicaciones puedan ofrecer una impresión de cómo se puede trabajar con los “ritmos” de la Piedra Fundamental, aunque cada persona debe, por supuesto, encontrar su propia forma meditativa individual de abordar los versos.