19873

 

El Caballo Alado

Frank Thomas Smith

 

Una noche Nicolás y su hermanita Carolina estaban sentados en el prado cerca de su casa al borde del bosque. Sobre sus cabezas el cielo parecía una capa de seda negra incrustada de joyas brillantes.

--¿Cuántas estrellas hay en el cielo, Nicolás? --preguntó Carolina.

--Muchas.

--Sí, eso ya veo. ¿pero cuántas? --insitió.

--Millones de millones. Nadie sabe.

--Podemos contarlas.

Nicolás se rió. --Bueno, cuéntalas y luego dime cuántas son.

--A ver. --Carolina se levantó para estar más cerca de las estrellas y empezó a contar--: Una, dos, tres, cuartro, cin...Oh no, a ésa ya la había contado.

--Ves, tonta --dijo Nicolás--. Nunca vas a poder contarlas. Ni siquiera los científicos con telescopios pueden.

Carolina se sentó de nuevo en el pasto algo decepcionada. Después de un rato preguntó:

--Nico, ¿qué es una constalión?

--¿Constalión? --la miró perplejo--. Ah, ya sé, quieres decir constelación.

--Claro, constelación --confirmó Carolina.

--Bueno, dijiste otra cosa.

--¿No sabes qué es?

--Por supuesto que sé que es una constelación --dijo Nicolás--. Lo que no sé es qué es una constalión.

Carolina le pegó en el hombro: --Eres malo --le dijo.

--Claro que sí, como mi constelación.

--¿Tu constelación?

Nicolás sonrió: --Todos tenemos una constelación; incluso tú tienes una.

--¿De veras, Nico?

--Claro que sí.

--¿Qué es una constelación? Dime, por favor --le pidió Carolina.

--Son como dibujos formados por las estrellas. Mira, allí está la mia - Aries.

--¿Dónde? --le preguntó su hermanita, poniendose de nuevo de pie--. ¿Qué es un áries?

--Es un carnero feroz.

--Yo no veo ningún carnero --protestó Carolina.

--¿Ves las tres Marías? --Su hermano apuntó al cielo.

--Sí, a ellas las conozco.

--Bueno, si suiges la línea de las tres Marías hacia la derecha y hacia arriba --trazó con su dedo una línea imaginaria en el cielo-- llegas a cinco estrellas que forman un arco. ¿Lo ves?

--Sí, creo que sí.

--Esa es Aries, mi constelación,

--Es verdad que parece un carnero --le dijo la niña con una sonrisa--. Ahora sé porque tienes la cabeza dura. ¿Cuál es mi constelación?

--La tuya es piscis, pero no sé dónde está. De cualquier manera, mucha gente dice que es todo una superstición, eso de las constelaciones

--¿Qué es una superstición, Nico?

Nicolás suspiró como si estuviera cansado de las eternas preguntas de su hermanita, pero en realidad le gustaba demostrar lo que sabía por tener tres años más que ella.

--Es algo que la gente cree pero no es cierto, como una ilusión.

--¿No es cierto? --le preguntó Carolina, sorprendida.

--Supongo que no, pero no sé.

--Cuál es la constelación de Papá? --preguntó la niña.

--Escorpio --dijo Nicolás--. Creo que es esa con la cola larga.

--Seguro --dijo Carolina.

--¿Por qué seguro?

--Porque parece un escorpión. ¿No ves?

--Mmm...Claro que sí.

--¿Y la de Mamá?

--Cáncer. Pero tampoco sé dónde está --agregó.

--Pero cáncer es una enfermedad --rebatió Carolina.

--No, no tiene nada que ver con la enfermedad. Es un cangrejo. Son todos animales, sabes?

--¿Y hay más?

--¿Más? --se rió Nicolás--. Hay muchas, pero sólo hay doce en el... Zodíaco, creo que se llama.

--¿Qué es el zod...

--Es como un cinturón hecho de estrellas allí en el cielo --contestó Nicolás antes de que ella pudiera terminar--. Todos tenemos una de las constelaciones del zodíaco según el mes de nacimiento.

--¡Qué lindo! --dijo Carolina--. ¿Cómo se llaman las demás constelaciones?

--No sé --dijo el muchacho--. Sabía, pero me olvidé. De cualquier manera no tiene importancia si es una superstición.

Carolina se quedó pensativa sin decir nada durante mucho tiempo - mucho tiempo para ella, es decir.

--Nico --exclamó finalmente--, apuesto a que el Hombre Estrella(*) sabe todos los nombres y donde están.

--Mmm --murmuró Nicolás--. Es posible.

--¿Alguien me llamó? --dijo una voz profunda desde el bosque detrás de los niños. Ellos se pusieron de pie y miraron hacia atrás. Y allí estaba el Hombre Estrella en persona -- un hombrecillo no más alto que Nicolás -- saliendo del bosque y caminando hacia ellos. Llevaba una túnica blanca con una estrella de oro de seis puntas sobre el pecho. La barba blanca casi le cubría la estrella.

Los niños se pusieron muy contentos de verlo y las caras de los tres se iluminaron con una gran sonrisa.

--¡Qué bueno que viniste! --exclamó Carolina--. Seguramente sabes los nombres de las constelaciones y dónde están ubicadas.

--Desde luego --dijo el hombrecillo.

--¿Nos puedes mostrar? --le preguntó la niña--. Nicolás no las conoce todas.

--Con mucho gusto. --Puso los dos meñiques en la boca y silbó fuerte tres veces.

Imagínense la sorpresa de los dos niños cuando desde el cielo apareció un caballo de color rojizo con alas blancas.

--¿Me llamaste? --preguntó el caballo al hombrecillo.

--Sí, Pegaso. Estos dos amiguitos míos quisieran visitar las constelaciones. --contestó éste, y dirigiéndose a los niños dijo--: Pegaso también es una constelación.

--¿Todas? --preguntó Pegaso con cara de preocupación.

--Eso tardaría demasiado --dijo el hombrecillo--. Creo que les interesan más que nada las del zodíaco. ¿No es cierto, amiguitos?

--Si, señor, sólo las del zodíaco --constestó Nicolás, que no estaba tan seguro que quería visitar las constelaciones.

--Bueno --asintió Pegaso-- esto será fácil. Monten sobre mí.

--Muy agradecido --le dijo el hombrecillo a Pegaso--. Vamos, Carolina, te ayudaré a montar.

Carolina puso su pie en la palma de la mano del hombrecillo y él la levantó hasta el lomo del caballo como si fuera una pluma. Luego hizo lo mismo con Nicolás, que se sentó adelante de su hermana. Ella lo tomó de la cintura.

--¿Listos? --preguntó el caballo alado.

--¡Listos! --contestó por ellos el hombrecillo y el caballo alado levantó vuelo.

--¿A qué constelación quieren ir primero? --les preguntó una vez que estaban volando encima de las nubes.

--A..A..Aries --le contestó el muchacho. Al principio tenía miedo, pero poco a poco se dio cuenta de que el viaje sobre el lomo de Pegaso era muy cómodo -- no como si estuvieran galopando sobre la tierra.

--Bueno --dijo Pegaso sin mucho entusiasmo--. Ojalá que no esté de mal humor hoy. Cierren los ojos, niños, ahora vamos a volar rapidísimo.

 

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Algunos minutos después aterrizaron sobre una pradera llena de flores rojas y los dos pasajeros bajaron.

--¿Dónde estamos? --preguntó Nicolás.

--En la constelación de Aries, por supuesto --le dijo Pegaso. Miren ¡Allí está!

--¿Quién? --preguntó Carolina asustada.

--Aries --contestó Pegaso y apuntó con una pata a una colina cercana sobre la cual un enorme carnero estaba parado mirandolos con ojos rojos de ira. De repente dio unas coces con las patas traseras y se lanzó a la carrera hacia una roca. En lugar de detenerse al llegar, la embistió con sus cuernos curvados y la hizo estallar en mil pedazos.

--Me parece que no está de muy buen humor --murmuró Carolina.

--Oh, eso no es nada --dijo Pegaso--. Está jugando no más. Bueno, ¿quieren esperar aquí hasta que llegen las demás constelaciones?

--¿Esperar aquí? --exclamó Nicolás.

--Si, es muy agradable, hay bosques, ríos, montañas y muchas estrellas.

--¿Cuánto tiempo tendríamos que esperar?

--Una constelación por mes --le contestó Pegaso--. Hay doce.

--¡Un año! Oh no, no podemos esperar, tenemos que ir a la escuela y...

--Y Mamá y Papá estarían preocupados --añadió Carolina.

El caballo alado suspiró: --Bueno, los llevaré a las otras constelaciones, pero debemos apurarnos, porque tengo que estar de vuelta en mi lugar antes de que algún astrónomo se de cuenta de que he desaparecido y arme un escándalo.

--¿Por qué un escándolo? --preguntó Nicolás.

--Qué sé yo... dirán que es el fin del mundo o algo por el estilo.

--¿Ud. tiene su propia constelación, Sr. Pegaso? --le preguntó Carolina.

--Por supuesto, niña --contestó el caballo algo ofendido--. Soy Pegaso.

--¿Vamos a visitar su constelación, entonces?

--No, porque sólo tenemos tiempo para visitar las constelaciones del zodíaco, donde yo no estoy.

Entonces Carolina le preguntó por qué cada persona tiene "su" constelación.

--Es una manera de hablar --dijo Pegaso--. Antes de nacer en la tierra, cada persona pasa por una de las constelaciones en su viaje por las estrellas desde el cielo hasta la panza de su mamá. Al pasar, adquiere alguna característica de la constelación.

--¿Entonces Nicolás es como un carnero?

--Un poquito quizás. ¿O no es así?

--Un poquito mucho, creo --dijo la niña. --Pero Nicolás es bueno.

--Seguro, y fuerte...Ahora, ¿listos? y sin esperar respuesta despegó de Aries.

Volaran entre las estrellas hasta que Pegaso gritó: --¡Cuidado, vamos a descender!

 

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Aterrizaron en un campo de hierba amarilla en el que pastaba un toro dos veces más grande que Aries. Al notar que alguien estaba en su campo, levantó la cabeza, parpadeó tres veces, decidió que la visita no era tan interesante y volvió a pastar.

--Ese es Tauro --explicó Pegaso.

--¡Un toro! --dijo Carolina--. ¿Es peligroso?

--Oh, no. Tauro es un caballero. Sólo si lo molestas mucho se enoja. Entonces sí puede ser peligroso.

Sin desmontar, se quedaron mirando a Tauro un rato, pero el toro ni siquiera volvió a levantar la cabeza.

 

y

Encontraron la próxima constelación en el medio de un bosque soleado. La sorpresa de los niños fue grande cuando vieron a dos niños bailando juntos en un claro mientras tocaban flautas dulces.

--Ahora estamos en la constelación de Geminis --dijo el caballo alado.

Los niños desmontaron. --¿Quiénes son esos niños? --preguntó Nicolás.

--¿Dónde está el geminis? --quiso saber Carolina.

--Geminis quiere decir mellizos --aclaró Pegaso--, y esos dos niños son los mellizos. Se llaman Castor y Pollux, pero no sé cuál es cuál porque son idénticos.

Los mellizos dejaron de bailar cuando vieron a nuestros amigos y uno de ellos
--Castor o Pollux, yo tampoco sé diferenciarlos-- gritó: --¡Mira, tenemos visita!

--Y qué visita --dijo el otro--. Dos niños y un caballo alado. Es un misterio.

--Sí, un misterio, pero vamos a resolverlo.

--Seguro. Fíjate, uno debe ser Pegaso, por ser un caballo con alas, una constelación como nosotros.

--Pero no del zodíaco.

--Por supuesto que no.

--Y los otros deben ser niños de la Tierra, porque...

--Porque --interrumpió el otro mellizo-- el muchacho tiene el gorro puesto al revés y el único lugar donde harían una cosa tan extraña es la Tierra.

--Correcto. Misterio resuelto. --Los dos saludaron con las manos y volvieron a bailar.

--Qué inteligentes son --comentó Carolina--. Pero me dijiste que las constelaciones son todas animales, Nico.

--Bueno, eso pensaba.

--No, no todos somos animales --dijo Pegaso--. Pero la próxima sí, y un animal bastante extraño.

--Son todos extraños --dijo Nicolás.

 

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Aterrizaron en una playa. Las olas del mar cayeron sobre la arena y cubrieron las patas del caballo.

--¿Dónde está el animal? --preguntó Nicolás--. No veo ninguno.

--Está en el agua. Esperemos la próxima ola. Es muy curiosa, así que seguro que vendrá.

La próxima ola depositó un cangrejo -- o mejor dicho una cangreja -- a sus pies. Las pinzas se abrieron y cerraron en un saludo.

--Oh, --exclamó Carolina--, debe ser Cáncer, la constelación de Mamá.

--Sí, --confirmó la cangreja con voz suave--, soy Cáncer y me encantan los niños. ¿Quieren bañarse?

--Es muy amable de su parte, Señora --dijo Pegaso--, pero todavía tenemos ocho constelaciones para visitar y yo debo estar...

--Está bien, pero abríguense bien, niños, no vayan a resfriarse --dijo Cáncer y volvió al mar dentro de una ola.

--Qué amable es --comentó Carolina mientras volaban hacia la próxima constelación.

 

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Esta vez el caballo alado aterrizó en medio de una savana hermosa. Gacelas y liebres huyeron como el viento al verlos. Pero un animal que estaba descansando al lado de una laguna los miró con altivez y rugió tan fuertemente que los niños casi se cayeron del lomo de Pegaso.

--¡Es un león! --gritó Nicolás--. Mejor que nos vayamos.

--No, Rey Leo es un amigo --sonrió Pegaso--. Hay que demostrarle respeto, no más. --Buenos días, majestad --saludó al león.

--Buenos días, majestad --repitieron los niños al unísono.

--Buenos días --rugió Leo suavemente--. Os damos la bienvenida.

--Os agradecemos, majestad --dijo Pegaso--. He venido con estos dos niños en una corta visita a vuestro reino. Ahora con vuestro permiso seguimos viaje.

--Tenéis nuestro permiso --contestó Leo--. Y cerró los ojos para continuar su siesta.

 

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Pegaso tuvo que buscar un lugar abierto para aterrizar en la constelación de Virgo, porque casi todo el suelo estaba cubierto de trigo.

--¡Miren --exclamó Carolina-- por fin una mujer!

La mujer rubia más bella que habían visto en sus vidas se aproximó a ellos. En su brazo derecho llevaba una gavilla de trigo y la seguía un gato color trigo.

--Tú eres Pegaso, si no me equivoco --dijo Virgo--. ¿Y estos dos niños?

--Son de la Tierra, amigos del Hombre Estrella.

--Está bien --dijo la bella mujer con fríaldad--. No tengo tiempo para conversar porque tengo que organizar la cosecha. --Y dando media vuelta, desapareció en en el trigal.

--Debe estar muy ocupada --dijo Carolina, a quien le hubiera gustado hablar un rato con ella.

--Siempre está ocupada --murmuró Pegaso ofendido y levantó vuelo sin más--. La próxima anfitriona no es así, gracias a Dios.

 

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Tenía razón el caballo alado.

--¡Ah, amigo Pegaso! --exclamó la bella muchacha de cabello negro que le caía hasta los hombros--. ¡Qué amable de ti de visitarme! Bienvenidos, hermosos niños. --Tenía en su mano izquerda unos platillos de balanza--. ¿Qué les puedo ofrecer? ¿Una infusión, tal vez? No, apuesto a que los niños preferirían un vaso de leche -- o quizás una gaseosa. ¿Y un plato de avena para tí, Pegaso?

Antes de que pudieron contestar, la joven miró a la balanza y dijo: --Epa, el platillo derecho está otra vez en baja. ¿Tienen algo muy liviano para poner en el platillo izquierdo?

Nicolás y Carolina se miraron. --No tengo nada --dijo el muchacho.

--¡Espera! --dijo su hermana. Desató la cinta roja que sostenía su cabello en una cola y se la ofreció a Libra. --Es de seda --dijo.

Libra la puso sobre el platillo izquierdo de la balanza, y éste bajó un poquito. Libra sonrió y dijo: --Perfecto, te agradezco enormemente, querida. Quiero darte un regalo también. De su propio cabello sacó una hebilla que lo llevaba en una de sus dos trenzas largas y se la dio a Carolina. La niña abrió grande los ojos al ver que tenía la forma de una balancita de oro. --Muchas gracias, Libra --dijo y se la puso en el pelo, donde antes había estado la cinta.

--Tenemos que irnos ahora, niños --dijo Pegaso, y ellos saltaron sobre su lomo. (No necesitaban ayuda, porque la gravedad casi no existe en el cielo.)

--Adiós, amigos --le gritó Libra--. Vengan a visitarme más a menudo. Y no se dejen asustar por mi vecino, que no les va a hacer nada si no lo pisan.

 

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--¿Quién es el vecino de Libra? --preguntó Nicolás a Pegaso mientras volaban sobre un desierto.

--Ahí está --respondió el caballo alado y descendió entre dos cactus en flor.

--¿Dónde? --preguntó Carolina--. No veo nada excepto arena y cactus.

--Es Escorpio --respondió Pegaso--. Mejor no desmontar porque está casi debajo de mis patas.

Los niños miraron abajo y vieron a un escorpión levantar la cola venenosa hacia ellos. Era casi del mismo color que la arena, y por eso no lo habían visto.

--Estos son niños de la Tierra --dijo Pegaso a Escorpio--, amigos del Hombre Estrella.

--Me pregunto por qué no anunciaron su visita de antemano --dijo Escorpio.

--Fue por el apuro que teníamos --le contestó Pegaso.

--Quizás quieran ayudarme --dijo Escorpio, aparentemente satisfecho con la excusa--. Estoy construyendo un canal subterraneo para irrigar al desierto.

--Con mucho gusto te ayudaríamos, pero estos niños quieren ver las demás constelaciones y nos falta tiempo.

--Si prefieren perder el tiempo en visitas inútiles y no participar en un proyecto de suma importancia para el universo, me despido de Uds. --Y desapareció.

--¿Adónde fue? --preguntó Carolina.

--Quién sabe --dijo Pegaso. Es una constelación extraña. Personalmente prefiero la próxima.

 



No fue difícil para los niños entender por qué su amigo Pegaso prefería a Sagitario sobre Escorpio. Había aterrizado en un campo hermoso de hierba verde y árboles altos y frondosos. Al galope llegó a recibirlos el dueño de la constelación: Sagitario, medio caballo, medio hombre.

--Hola, Pegaso --dijo amablemente--. Tanto tiempo sin verte. ¿Has decidido convertirte en medio-hombre como yo? --Señaló a los niños sentados sobre su lomo y se rió alegremente.

El caballo alado también se rió: --No, amigo, estos niños volverán a la Tierra hoy mismo. Así que todavía no puedo ser medio-hombre.

--Una lástima. Bueno, cuando cambies de idea avísame y te encontraremos unas estrellas para formar tu cuerpo superior. Adiós, me voy a cazar. --Y salió galopando con su arco y flecha listos para disparar.

 

Capricornio la cabra no dejó de masticar durante la visita de nuestros amigos. Los saludó con una inclinación de cabeza pero parecía estar meditando sobre otra cosa -- como la comida. Al despegar hacia la próxima constelación la vieron subir una montaña rocosa con un paso lento pero muy seguro.

--Cabra símpática --opinó Nicolás.

--Sí, --confirmó Pegaso--. No dice mucho pero es buena.

 



Aterrizaron luego en las afueras de una ciudad tropical. Un joven rubio y buenmozo parecía estar esperándolos. Vestía jeans y una camisa azul y llevaba un termo grande bajo el brazo derecho.

--Ustedes deben tener sed --les dijo a los niños y virtió agua de su termo en una copa que ofreció primero a Nicolás--. Es el agua del futuro --los miró fijamente-- del futuro cercano.

NIcolás tomó un sorbo y pasó la copa a su hermanita, que también bebió.

--Mmm, deliciosa --dijo ella.

--Me alegro que les guste --dijo Acuario--. Son los primeros de la Tierra en beberla. Que vuestro futuro sea feliz. Ahora tengo que ir a la fuente por más agua. El termo está casi vacío.

--Gracias, Acuario --le dijo Nicolás al despegar.

--Sí, gracias --repitió Carolina.

 

Pegaso transportó a los niños hasta la orilla de un rio y los dejó desmontar.

--Piscis vendrá pronto --dijo.

De repente un pez enorme se deslizó hacia la orilla y abrió su boca:

--Hola, Carolina --dijo--. No te acuerdas de mí, pero yo recuerdo muy bien que hace pocos años pasaste por mi río al nacer.

--Encantada, Piscis --dijo Carolina, que no sabía qué decir, porque la verdad es que no se acordaba.

--Me dijo al verte por primera vez: "Ella será una niña buena y su hermano mayor, que había pasado antes por otra constelación, le va a ayudar a crecer."

--Este es mi hermano, Nicolás --le dijo Carolina, sonrojándose a causa de la alabanza de su constelación.

--Encantada... ¡Ufa! La corriente me lleva --gritó Piscis--. Que te vaya bien, querida. --Y la corriente lo arrastró.

--Hemos terminado,niños --dijo Pegaso--. Un año en una hora. Nunca he volado tan rápido. Ahora prepárense para volver a la Tierra.

--Cuál es la constelación del Hombre Estrella? --le preguntó Nicolás una vez montados.

--Todas --contestó Pegaso--. El Hombre Estrella es un personaje especial.

Los niños cerraron los ojos y cuando los volvieron a abrir estaban de vuelta en el prado cerca de su casa. Desmontaron y cuando levantaron la vista para agradecer al caballo alado, éste había desaparecido.

--Tenía mucho apuro para volver a su lugar en el cielo -- dijo Carolina--. ¡Pero qué aventura maravillosa nos dio¡

--Sí --coincidió su hermano-- Fue como un sueño. Casi no puedo creer que realmente sucedió. Aquí todo está como siempre.

Carolina se llevó la mano a la cabeza y se sacó la hebilla de platillos de oro que le había regalado Libra. Se la mostró a Nicolás y ambos supieron que el viaje por las estrellas sobre el lomo del caballo alado había sido real.

a

(*)Durante una aventura que los hermanos vivieron anteriormente, conocieron al Hombre Estrella en el bosque. Esta historia está relatado en el libro "Aquel día en el bosque", editado por Errepar S.A. - Errepar


© 2000 Frank Thomas Smith

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