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El Misterio del fantasma sin cabeza

 

Nicolás Gawain Smith

 

Esta historia fue culpa de mi perro Duque. Si Duque no hubiera olfateado ese rastro... Bueno, será mejor que empiece desde el principio.

Era un lunes y yo estaba yendo a la escuela. Ese día fue muy bueno en la escuela. La maestra de inglés había faltado, así que tuvimos como una hora más de recreo. Al volver a casa, Duque no estaba. Lo busqué por adentro y por afuera, por el patio trasero y delantero. Luego salí a la calle a buscarlo. Al fin lo encontré en la casa abandonada de al lado, ladrándole a algo. Lo llamé y no vino. Le silbé y no vino. Me revolqué por el piso y no vino. Qué extraño --me dije--. Siempre que me revuelco por el piso, viene corriendo y me salta encima. Volví a casa y le pedí permiso a mi papá para ponerle la correa a Duque. A mi papá no le gusta que le ponga la correa. Volví a la casa abandonada y cuando al fin logré ponerle la correa, lo llevé a casa.

Esa semana fue muy buena en la escuela. Muchas veces faltaba alguna maestra y teníamos más recreo.

Al llegar el sábado, me levanté y otra vez no estaba Duque. En realidad todas las mañanas no estaba, pero como hoy no tenía que ir a la escuela podía ver a qué le ladraba.

Fui a la casa abandonada de al lado y entonces lo ví: alguien estaba corriendo a la parte de atrás de la casa. Era algo no sé si blanco, como fosforescente. Parecía un fantasma o algo así. Corrí detrás de Duque para ver qué era. Cuando llegamos a la parte de atrás de la casa no había nada, nada, nada.

Volví a casa arrastrando a Duque con la correa. Ya en el patio acaricié a Pinky, mi perra. Duque gruñó. A Duque no le gusta que acaricie a Pinky. Se pone celoso. Entré adentro y acaricié a Merlin, mi gato. Duque es blanco y negro, y tiene un poco de marrón. Pinky es gris, blanca y negra. Y Merlin es todo blanco.

Esa noche cenamos ravioles, cosa que no me gusta para nada, así que agarré una manzana y me fui al piso de arriba, a mi cuarto, y me tiré en la cama a leer. Estaba leyendo un libro de "Escalofríos" de R. L. Stine. Se llamaba "Playa Fantasma". Ahí decía que los perros pueden olfatear a los fantasmas. Entonces oí ladrar a Duque y recordé lo de esa mañana. Y entonces lo hice: agarré muchas remeras, las anudé y las tiré por la ventana como una soga. No sabía que estaba cometiendo el error de mi vida.

Bajé por la "soga" al patio y rogué que no me viera Pinky pues podría ladrar. Afortunadamente no me vio.

Cuando llegué a la casa abandonada no ví a Duque pero ví sus huellas y haciendo de Sherlock Holmes las seguí. Al llegar a un lugar lodoso ví un muro con un agujero pero sólo podía pasar un perro. Por ahí pasó Duque --pensé--, pero Duque seguía a ese tipo. ¿Por dónde puede haber pasado?

Busqué y rebusqué pero no encontré nada. Ya me estaba por ir cuando ví huellas, pero esta vez muy humanas. Iban a... ¡claro! entró por la ventana de la casa, subió al techo, luego al muro y al otro lado.

Cuando ya estuve del otro lado seguí las huellas de Duque. Ahora era mucho más fácil rastrearlas porque Duque había pisado barro. Las seguí y las seguí hasta... ¿saben dónde?... el cementerio. Me daba miedo entrar ahí. Había oído muchas historias sobre el cementerio. Pero la estúpida curiosidad venció de nuevo. Entré al cementerio y ... y ahí estaba Duque. Traté de agarrarlo por el collar pero se alejó corriendo. De repente dobló y me encontré frente a frente con eso que parecía un fantasma. Cuando Duque lo vio empezó a ladrar. Recordé lo que había leído. Era un fantasma, ahora estaba seguro porque no tenía cabeza. No soporté más y dí un alarido que se debió oir desde mi casa. El fantasma me aprisionó contra una tumba. Traté de pegarle una patada pero mi pie lo atravesó.

--¿Cómo puedes agarrarme si yo no puedo atraparte a tí? --pregunté.

El fantasma se limitó a reir y dijo: --Tengo mis secretos fantasmas.

--Y ¿cómo dejaste huellas si eres un fantasma? --dije.

El fantasma rió otra vez y dijo: -- Es muy simple: agarré unos zapatos, los ensucié con barro y fui tocando las paredes con los zapatos.

-- Y ¿por qué te falta la cabeza?

-- Es una laaaarga historia, pero si insistes en que te la cuente como última voluntad de tu vida... Yo era un rico mercader. Era muy, muy rico, pero avaro y malo.

Esta historia ya se está pareciendo a un cuento de hadas --pensé.

-- Yo era tan malo que un día que un sirviente me molestó...

--¿Qué te hizo? --pregunté.

--Eso ya no me lo acuerdo, pero le dije a otro sirviente que le clave un cuchillo y él lo hizo. Cuando vino la policía yo lo negué todo. Pero mi sirviente confesó todo y me mandaron a la guillotina y por eso no tengo cabeza. Bien, llegó tu hora de morir.

Pero el fantasma no se dio cuenta de que, cuando estaba tan entusiasmado en contar su historia, me había zafado una mano. Con la mano que tenía libre, tiré una piedra que rebotó contra una lápida haciendo ruido. El fantasma se dio vuelta para ver que era y aflojó la otra mano. Entonces me zafé del todo. Salí corriendo pero algo me agarró por el tobillo. Ya iba a darme vuelta para decirle a Duque que me soltara pero me di cuenta que lo que me agarraba no era exactamente Duque. Ví una mano verde que me agarraba el tobillo. Lo que me faltaba: zombis --pensé. Pero por suerte, como a los zombis no se los atraviesa, vino Duque y le dio un buen mordiscón a la mano.

Salí corriendo otra vez y al fin llegué a la salida del cementerio. Entonces ví que ya había luz y recordé otro libro que había leído que decía que los fantasmas no pueden soportar la luz. Ví al fantasma cayendo al piso.

Regresé a casa y mis papás ya estaban despiertos. Me preguntaron dónde fui y me dijeron que estaban muy preocupados. Yo les dije que había ido a dar una vuelta temprano.

Esa noche vino mi papá y me dijo: --Mañana nos mudamos. Prepara tu valija, ya es hora de acostarse y mañana hay que levantarse temprano.

Me había olvidado que ibamos a mudarnos. Empaqué todo y me fui a la cama.

"Mañana va a ser un gran día" --pensé.

Hoy me levanté a las seis de la mañana, creo, porque el reloj de la videograbadora no sé si anda bien. Puse mis valijas en el auto y me subí. Cuando mi mamá y mi papá terminaron de cargar todas las valijas y subieron Duque, Pinky y Merlin, partimos para la nueva casa.

Cuando llegamos, Duque, Merlin y Pinky salieron corriendo del auto. La nueva casa es muy amplia y tiene un living enorme.

Qué extraño --pensé--, aquí también hay una casa abandonada al lado.

Primero me costó un poco adaptarme pero después de unos días ya estaba jugando con todos los chicos de la escuela. Pasaron tres semanas y la pasaba muy bien hasta que un dia Duque no estaba. Lo busque por adentro y por afuera...


© 2000 Nicolás Gawain Smith

Gawain, como todos lo llaman, tiene 10 años y es alumno de la Escuela El Trigal, una escuelita Waldorf en el valle de Traslasierra, Provincia de Córdoba, Argentina. Esta es su primera obra de ficción publicada -- por lo menos esperemos que sea ficción.

 

versión inglesa

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