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La Influencia Dudosa de la Música

 

Doris Lessing

 

 

Las calles que recorrí caminando [en Salisbury, Rhodesia – ahora Zimbuwe], noche tras noche durante semanas, meses, sin pensar jamás que podría haber peligro. Ahora sería imposible para una joven, blanca o negra, caminar por ahí sin preocupaciones. En estos tiempos esas son calles peligrosas por la noche.

Ahora todas las casas están cerradas con cerrojo y doble-cerrojo y cuidadas por perros, todas las ventanas tienen barrotes, las galerías hechas jaulas.

Dentro de estas pequeñas fortalezas las familias blancas y negras miran la televisión, los mismos programas en cada casa. Los autos estacionados en la calle están cerrados y encadenados. En los viejos tiempos nada estaba cerrado, ni autos ni casas. Se podía ver a una joven blanca dando vueltas por ahí hasta pasada le media noche. En Londres la última vez que estuve, solía caminar varias millas sola por la noche y nunca se me ocurrió tener miedo. No creo que lo que pasó en nuestras ciudades – y en el campo también – tenga mucho que ver con la estructura racial o política de los gobiernos.

Otra cosa está sucediendo.

¿Qué?

¿Qué sucede?

¿Es posible – y sé que esta hipótesis pide ser ridiculizada – que nos estemos envenenando con música? Nosotros, mis contemporáneos, desde nuestra adolescencia en adelante, escuchábamos música “dance” noche y día, y era toda romántica o sentimental.

Anhelaba, quería, añoraba, necesitaba – y esperaba también, porque en algún lugar, en algún momento, se había hecho una promesa. Algún día te encontraré… Estábamos inmersos en sueños. Pero desde entonces la música cambió. Sus ritmos ya no fluyen o se balancean suavemente, golpean y azotan e hincan y el sonido es tan fuerte que hay que escucharlo con los nervios. Una vez me estaba yendo de una fiesta porque la música estaba tan fuerte que me estaba enfermando y una mujer negra que estaba entrando me pregunto: “Qué te pasa, querida” y le dije lo que pasaba. Ella dijo “Pero esta música no se escucha con los oídos, se escucha con el cuerpo entero, se escucha con los nervios.” ¿Qué nervios? Mi pregunta es, cuando una persona sale a matar o a torturar o a mutilar, ¿puede uno razonar que fue preparada para el crimen por la música que escucha que la volvió loca? Los chamanes usan la música desde hace años para cambiar el estado de ánimo, los jóvenes son preparados para matar por medio de marchas militares, las iglesias usan música inspiradora para mantener unido a su rebaño, y es sabido que los verdaderos maestros espirituales usan música, pero es una cosa tan delicada que es utilizada sólo por especialistas en circunstancias especiales. Pero nosotros nos inundamos de música, de cualquier tipo, nos empapamos de ella, muchas veces metiéndola directamente a nuestros cerebros con maquinas diseñadas para ese propósito – y nunca nos preguntamos qué efecto se puede estar produciendo. Bueno, yo – y sé que hay otros – creo que deberíamos empezar a preguntárnoslo.


Extracto de Under My Skin – Volume I of my Autobiography, to 1949

© 1994 Doris Lessing.

 

Traducción: Nicolás Gawain Smith

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