El horóscopo gripal del Profesor Salzano

Por Daniel Salzano

 

 

Aries

He aquí al primero de los 12 signos, pero no por méritos propios sino por olímpico decreto. Una ventaja que los arianos no dejan escapar, porque nacen, viven y mueren antes que ninguno. Fueron los primeros en aparecer por la ciudad enmascarados por barbijos y serán los primeros en abandonarlos. Cero en autocrítica y 10 en presunción. Toman los remedios y no leen los prospectos. Me acuerdo de una película en la que el soldado Stan Laurel ?el Flaco?, ignorando que la guerra había terminado, continuaba bajando aviones desde su torre de combate. Incluyendo aviones de pasajeros. Puro Aries.

¿Gripe? ¡Aquí no hay más gripe que yo!

Tauro

Un buen chorro de aceite de oliva sobre una ensalada de tomates, cebolla y achicoria, un cigarro cubano fumado debajo de la parra y un cuarteto de Beethoven sonando a media luz en la victrola. Es todo lo que necesita Tauro para reventar de felicidad. A ver si nos entendemos: Orson Welles era de Tauro y ¿qué probabilidades tendría de sobrevivir un microbio empecinado en tumbar al autor de El ciudadano? Ninguna. Y cuando digo Welles digo Balzac, que activaba su producción literaria con la ingesta de tres cafeteras diarias. Esa gente no es para usar barbijos. Ni para consultar termómetros. He visto a más de un tauro junto a la ventana, abriendo el puño para dejar volar al virus de la gripe. Andá, pobre animal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos.

Gèminis

Atención. Signo dual y sinvergüenza pero de buenos sentimientos. Eso decía mi mamá mientras me señalaba: ?No sirve para nada pero tiene buenos sentimientos?. ¿Qué es lo que verdaderamente querías decir, mamá? ¿Que era bueno porque no quería hacer barquitos con la hoja del diario de los muertos? Los geminianos somos buenos por la parte de afuera pero no por la de adentro, porque ahí conviven dos hermanos? Castor y Pólux? hijos de una misma madre pero de distinto padre. Y si se pelean entre sí lloran, y si se separan se buscan, y si no se encuentran se esperan y, si no acuden a la cita entonces Géminis escribe, porque es lo único que sabe hacer. A los geminianos no los mata la gripe sino un ómnibus en medio de la calle: los mellizos desprecian los semáforos como desprecian cualquier forma de gobierno. Géminis no es un signo, sino dos grandes nubes de pluma.

Càncer

Si yo fuera el virus de la gripe, me zambulliría en el torrente sanguíneo de Cáncer porque debe ser como Cancún. Son las reinas de la calesita astral, las condesas, las marquesas. Las minas de Shakespeare eran de Cáncer, el vals que bailaba Claudia Cardinale en Il Gatopardo era de Cáncer y si a mí me pusieran boca abajo y me sacudieran a partir de los tobillos, las únicas mujeres que caerían son, fueron y serán de Cáncer. Signo hembra, madre, nenita, mujerona, madraza, madrina, alma mía, amore mio, quiero ser la sombra de tu perro y la sombra de tu sombra. Arreglan las plantas con una palita. Las he visto derrotar al bicho de la gripe con sólo un toque de Carolina Herrera. Es tan grato amar. Es tan grato ser amado.

Leo

Y ahora, lectores, con ustedes Leo, el amo del Zodíaco, signo al que conviene tratar con precauciones porque si te alejás morís congelado y si te acercás terminás achicharrado. ¿Cómo se concilia en una misma parcela fealdad y seducción, glotonería y elocuencia? Cuesta comprenderlo. Tal como le costó a quienes compartieron la vida de Ernesto Hemingway, un Leo que ejerció como tal en las buenas y en las malas, que atravesó dos guerras escribiendo y que cuando recibió el Premio Nobel se comportó con la displicencia de los que saben que lo tienen merecido. Cuando descubrió que no era tan bueno como suponía, se suicidó. Eso es Leo. A los virus de la gripe que se ofrecen voluntariamente para contagiarlo, los laboratorios los conservan en el interior de la caja fuerte. Son los famosos microbios suicidas.

Virgo

Jorge Luis Borges, que sufrió el signo en carne propia, decía que la perfección no es una virtud sino un defecto porque no puede tener hijos. Y el objetivo superior de Virgo es la perfección. ¿Han visto llenar una planilla a una chica de Virgo? Suman y restan bañadas en lágrimas porque Dios les tiene prohibido equivocarse. Virgo es la mejor alumna del grado: impuestos pagos, pasaporte actualizado y comprobantes de caja archivados por especie y por color: los de Carrefour con los de Carrefour, los de Falabella con los de Falabella. ¡Y cómo cierran las piernas cuando suben al tren fantasma! Mucho antes de que la gripe oficializara su presencia en Argentina, Virgo llevaba meses acaparando Tamiflú. Dice que no tiene celos pero claro que tiene celos. Dice que no está enojada pero claro que está enojada. Dice que no le gusta la lluvia pero claro que le gusta. Sólo que la quiere toda para ella.

Libra

¿Todo a su tiempo y armoniosamente? Con una divisa como esa no hay cuerpo que aguante. Libra arrastra su condena desde el logotipo: un hombre cuyo destino es mantener la balanza en equilibrio sólo está en condiciones de jugar por el empate. Y el empate es la sublimación de la duda. Ve una margarita y la deshoja: me quiere, no me quiere. Y cuando se le cruza un gato negro, en lugar de eludirlo prefiere llamar un taxi. Lo suyo es la soledad, donde nadie pueda controlar su sufrimiento. El equilibrio de Libra orilla la santidad: son los únicos que, para no ofender al cuerpo, usan barbijo en la boca y en el calzoncillo. Cada vez que un paciente de Libra pedía turno en el consultorio del doctor Freud, la secretaria tenía orden de decir que el maestro, que abjuraba de la astrología, había dado parte de enfermo.

Escorpio

He aquí un signo que no tiene problemas porque en cuanto se le aproxima el virus de la gripe se lo coge. En la repartija de órganos del cuerpo, que hizo Zeus, a Escorpio le confirió un círculo de 20 centímetros con epicentro en la bragueta. Son terribles: entran a una fiesta y en 10 minutos son capaces de señalar a las mujeres que debajo del vestido no llevan camiseta. A medida que envejecen se dedican a quemar los libros de la biblioteca. Queman un mapa de América y desaparece América. Lo mismo que Australia. Y la torre de Pisa. Guardan para el último fósforo el almanaque rojo de Marilyn Monroe. Un estilazo. Exigen, por disposición testamentaria, que sus cenizas sean esparcidas en el jardín del Hotel Mimus.

Sagitario

El mejor amigo, el más votado. Ubicuo, funcional, polivalente y con una ventaja adicional: cada vez que se manda a mudar prescinde del boleto porque Sagitario es un hombre con cuerpo de caballo. El primer centauro se llamó Quirón y fue la consecuencia de una artimaña sexual del viejo Zeus, que sedujo a una mujer disfrazado de caballo. Quirón vivió alejado de los hombres y en estrecho contacto con la naturaleza. Los sapos le enseñaron a curar los males con emplastos y cuando conoció a Diana, la cazadora, se enamoró de tal manera que acabó prendado para siempre. Sagitario es el signo que siempre está yendo. Sabe que para combatir la gripe bastaría con respetar la inteligencia de la gente, pero no lo dice. ¿Quién le creería a un hombre que para caminar necesita dos pares de zapatos?

Capricornio

No bien completó la rueda astral, Zeus procedió a lotear el cuerpo humano entregando un órgano a cada signo. A Capricornio le tocó la cima de la montaña. O sea, la cabeza. La tarea no parece excesivamente complicada para el signo más inteligente del horóscopo, pero Zeus no se la quiso poner fácil y en el pliego de condiciones incluyó la presencia de Saturno, un planeta que se comporta como un tenista que juega solo. Y eso por no hablar de sus misterios: una semana está gordo como Buda y en la siguiente, flaco como el viento. Capricornio es la cabra, cuyo método consiste en trepar sin resbalar y, una vez en la cumbre, impedir que le roben la billetera. En lo que respecta a la pandemia, ¿qué virus con dos dedos de frente se tomaría el trabajo de escalar el Aconcagua por el dudoso placer de pellizcar el pellejo de una cabra?

Acuario

A ver, Acuario, decime la verdad: ¿te has lavado las manos con jabón? ¿has repasado tus uñas con un hisopo embebido en lavandina? No, no y no. Acuario se protege de la gripe según su propio estilo: dos medidas de vodka, una lágrima de gin, un golpe de sifón y dos cubitos de hielo. Los virus, gloriosos, mueren ahogados en alcohol. Trujimanes de feria y timberos infatigables. Isidoro Cañones, por ejemplo. Durante mi niñez tuve un amigo que era de Acuario. Recuerdo que nos sentábamos cerca de las vías del tren y arrancábamos el pastito que crecía entre los durmientes, un pasto tan ralo como los pelos de una vieja. Lo de los pelos de la vieja lo dijo mi amiguito. Desde entonces, cada vez que no encuentro una palabra lo llamo por teléfono. A ver, Cañones, batime la justa, ¿es verdad que la eternidad nunca se acaba?

Piscis

Tras una épica odisea sembrada de invasiones, revoluciones y cambios sustanciales, los únicos seres vivos que han llegado al siglo 21 son los pescaditos del pasaje Muñoz. Y es que el secreto de Piscis consiste en dormir con los ojos abiertos. Es el último signo de la rueda y, por lo tanto, el que llega al poder más fatigado. Lástima, porque lo sabe todo. Sin embargo, a ellos sólo les atrae permanecer junto al cristal de la pecera soltando globitos por la boca. Las burbujas de Piscis no son burbujas sino pensamientos. En lo que concierne a la gripe, para ellos la A es lo mismo que la Z. No hay forma de contagiarlos: de día están protegidos por el cristal de la pecera y de noche por la oscuridad más absoluta: el sereno del pasaje Muñoz apaga las luces a partir de medianoche.

© La Voz del Interior (Córdoba, Argentina)


 


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